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La Versión de Oliver Cowdery de la Historia de la Iglesia


El periódico el Latter Day Saints’ Messenger and Advocate, comúnmente conocido como el Messenger and Advocate, fue impreso por la Iglesia desde Octubre de 1834 a Septiembre de 1837 en Kirtland, Ohio.  Oliver Cowdery (1806–50), uno de los Tres Testigos del Libro de Mormón y el Segundo Elder de la Iglesia, sirvió como el primer editor con la ayuda de W. W. Phelps (1792–1872), el editor del primer periódico de la Iglesia, The Evening and the Morning Star, publicado en Independence, Condado de Jackson, Missouri (Junio de 1832 a Julio de 1833; continuado en Kirtland, Ohio por Phelps desde Diciembre de 1833 hasta Septiembre de 1834).  En algún momento, Phelps le pidió a Cowdery que prepara la “historia completa del desarrollo de la Iglesia de los Santos de los Últimos Días y las partes más interesantes de su progreso hasta el tiempo presente” para que la publicara (véase Messenger and Advocate 1:1 [Octubre 1834], 13).  Cowdery contó la historia de la Restauración en una serie de ocho cartas y, al hacerlo, preparó la primera versión publicada de la historia de la Iglesia.   

Junto con las cartas de Cowdery, la serie incluía una declaración hecha por José Smith que daba unos detalles personales acerca de su vida (véase Messenger and Advocate 1:3 [Diciembre 1835], 40).  Luego, los fragmentos de las cartas se publicaron por la Iglesia en 1840 en Inglaterra en el periódico el Millennial Star; lo cual fue de nuevo publicado en Nauvoo, Illinois en 1840–41 en el periódico de la Iglesia en Nauvoo, el Times and Season; y luego publicado en forma de panfleto, Letters of Oliver Cowdery, to W. W. Phelps, on the Origin of the Book of Mormon, and the Rise of the Church of Jesus Christ of Latter-day Saints (Liverpool: Thomas Ward y John Cairns, 1844).   Los fragmentos fueron impresos de nuevo en el siglo veinte en la revista Improvement Era (publicada por la Iglesia en la Ciudad del Lago Salado desde Enero de 1899 a Agosto de 1899).  Finalmente, un fragmento de la primera carta fue publicado en la Perla del Gran Precio inmediatamente después de José Smith—Historia (véase páginas 58–59; cf. Messenger and Advocate 1:1 [Octubre 1834], 14–16).

 

Carta I

Fecha:Octubre de 1834

Lugar: Kirtland, Ohio

Fuente: “Messenger and Advocate, 1:1 (Octubre de 1834), 13-16.

 

 

Messenger and Advocate, September 7, 1834


Messenger and Advocate, September 7, 1834

 

 

Texto:

La siguiente comunicación fue proyectada para ser publicada en el último Número del Star, pero debido a la publicación de otros materiales ha sido reservado para este No. del Messenger and Advocate.  Desde que fue publicada, hemos pensado que la historia completa del desarrollo de la iglesia de los Santos de los Últimos Días, y las partes más interesantes de su progreso, hasta el tiempo presente, sería digna de la atención de los Santos.—Si las circunstancias permiten, un artículo sobre este tema aparecerá en cada edición del Messenger and Advocate, hasta el tiempo en que la Iglesia fue expulsada del condado de Jackson, Missouri por unos bandidos sin ley. También se incluirán otros comentarios que puedan ser apropiados e interesantes

Para que nuestra narrativa sea correcta y en particular la introducción, es debido informar a nuestros patrones que nuestro hermano J. [José] SMITH, hijo ha ofrecido ayudarnos.  De hecho, hay muchos datos conectados con este tema que hacen su labor indispensable.  Con su labor y sus documentos auténticos ahora en nuestra posesión, esperamos hacer de esto una narrativa placentera y agradable que vale mucho la reexaminación y la atención de los Santos.—Requerirá tiempo para hacer justicia a este tema: por lo tanto pedimos la paciencia de nuestros lectores al asegurarles que nuestra narrativa será fundada sobre los hechos.     

Condado de Norton, Medina, Ohio, noche de Domingo, 7 de Septiembre, 1834.

QUERIDO HERMANO,-- 

Antes de salir de casa, yo prometí que no demoraría mucho en escribirle y ahora que se me han permitido unos momentos para reflexionar fuera de las preocupaciones y la conversación común de mis amigos en este lugar, lo he hecho pensando que si yo le comunico esta historia, podría, tal vez, si no resultara especialmente beneficiosa para usted al confirmarle en la fe del evangelio, al menos podría ser algo interesante, puesto que ha complacido a nuestro Padre Celestial llamarnos a nosotros dos para regocijarnos en la misma esperanza de la vida eterna.  Y al dar esta historia públicamente, algunos miles que han aceptado el mismo convenio pueden aprender algo más particular acerca del desarrollo de esta iglesia en estos últimos días.  Y mientras la noche gris se está convirtiendo en oscuridad, mi corazón responde con los felices millones que están en la presencia del Cordero y han sobrepasado el poder de la tentación al dar gracias aunque débilmente al mismo Padre.     

¡Otro día ha pasado en ese mar para nosotros sin límites de la eternidad donde casi seis mil años han pasado antes!  ¡Y lo que pasa por la mente como una agitación eléctrica nunca volverá!  Si se ha mejorado o no, si se han observado los principios que ÉL ha consagrado, o a cambio la masa común del tiempo se ha gastado sin cuidado no es para mí decir—¡Una cosa que sí puedo decir es que nunca será recuperado!   Ha pasado para ayudar a llenar el gran espacio declarado en la mente de su Autor hasta que la naturaleza termine con su trabajo y el tiempo sus revoluciones acostumbradas—¡cuando su Señor habrá completado el recogimiento de sus elegidos y con ellos gozar de ese Día de Reposo que nunca tendrá fin!        

El viernes, día cinco, en compañía de nuestro hermano José Smith, hijo, yo salí de Kirtland para este lugar (New Portage) para asistir a la conferencia anteriormente anunciada.  Se me ha permitido una vez más para viajar con este hermano el cual tiene reflexiones extraordinarias.  Son muchas las fatigas y las privaciones que me han tocado padecer por el beneficio del evangelio desde 1828 [1829] con este hermano.  ¡Nuestro camino se ha contaminado con la “trampa de los cazadores de aves” y nuestras personas perseguidas con la vehemencia de la ferocidad del salvaje por la sangre inocente, por hombres animados a la desesperación por las insinuaciones de los que pretendían ser “los guías y los marcos de camino” del reino de la gloria o por los mismos individuos!  Yo confieso que esto es un retrato oscuro para presentar a nuestros patrones, pero ellos perdonarán mi franqueza cuando les aseguro de la verdad.  De hecho, Dios ha ordenado que las reflexiones que se me han permitido hacer sobre mi vida anterior, relacionadas a un conocimiento del camino de la salvación, se vuelvan “doblemente atractivas.”  No solamente he sido milagrosamente preservado de los hombres malvados e irrazonables con este hermano, sino que yo he visto el fruto de la perseverancia de proclamar el evangelio sempiterno inmediatamente después de que fue declarado al mundo en estos últimos días de una manera no olvidada mientras el cielo me da mi intelecto común.  Y lo que sirve para hacer esta reflexión sin expresión en este punto es el hecho de que por medio de su [José Smith] mano, yo recibí el bautismo por la dirección de un ángel de Dios—el primero para ser recibido a esta iglesia, en este día.    

Cerca de la hora de la puesta del sol, noche de domingo, el 5 de abril de 1829, mis ojos naturales vieron a este hermano por primera vez.  En aquel entonces él vivía en Harmony, condado de Susquehanna, Pensilvania.  El lunes 6 yo le ayudé con algunos asuntos de naturaleza temporal, y el martes 7 se comenzó la escritura del Libro de Mormón.  Eran días inolvidables—¡sentarse bajo el sonido de una voz dictada por la inspiración del cielo, despertó la gratitud más profunda en este pecho!  Día tras día yo continuaba sin interrupción escribiendo de su boca al traducir con el Urim and Thummim, o como decían los Nefitas, los “Intérpretes,” la historia o registro llamada “El Libro de Mormón.”     

Para comentar aún en pocas palabras el relato interesante dado por Mormón y su hijo fiel Moroni de un pueblo una vez amado y favorecido por el cielo, excedería mi propósito actual: Yo por lo tanto deferiré esto a un tiempo futuro, y como dije en la introducción, pasaré más directamente a unos pocos incidentes inmediatamente conectados con el desarrollo de esta iglesia que puede ser de interés para los miles que se han presentado en pos de las malas caras de los intolerantes y la calumnia de los hipócritas, y han abrazado el evangelio de Cristo.   

Ningún hombre en su sentido sobrio podría haber traducido y escrito las direcciones dadas a los Nefitas de la boca del Salvador, de la manera precisa en que los hombres debían edificar su iglesia, y especialmente cuando la corrupción se había esparcido con incertidumbre en todas las formas y sistemas practicados entre los hombres; sin desear el privilegio de mostrar una disposición del corazón para ser enterrado en una tumba, para contestar a una “buena voluntad por la resurrección de Jesucristo.”   

Después de escribir el relato dado acerca del ministerio del Salvador al resto de la semilla de Jacob, sobre este continente, fue fácil para ver, como el profeta dijo que iba a ser, que la oscuridad cubriría la tierra y una oscuridad grotesca contaminaría las mentes de las personas.  Al reflexionar más, fue fácil para ver que entre el gran conflicto y estruendo concerniente a la religión, que ninguna tenía la autoridad de Dios para administrar las ordenanzas del evangelio.  Pues se formulaba la pregunta, ¿Tenían los hombres que negaban las revelaciones la autoridad de administrar en el nombre de Cristo?  Un testimonio de Él, ¿No sería nada menos que el espíritu de profecía?  ¿No es el hecho de que siempre se había basado, construido y sostenido su religión por las revelaciones inmediatas en todas las edades del mundo cuando Él había tenido un pueblo sobre la tierra?   Si estos hechos se habían enterrado y escondido cuidadosamente por los hombres cuya profesión había estado en peligro, si la verdad había brillado en las caras de los hombres, y si ya no se escondían de nosotros, nosotros solamente esperábamos que se diera el mandamiento de “Levantaos y sed bautizados.”

Este deseo no duró mucho tiempo antes de ser realizado.  El Señor, quien es rico en misericordia, y siempre dispuesto para contestar la oración constante de los humildes, condescendió en manifestar su voluntad a nosotros después de que nosotros le habíamos suplicado de modo ferviente.  De repente como si fuera en pos de la eternidad, la voz del redentor habló la paz a nosotros, mientras el velo se partió y el ángel de Dios vestido de gloria bajo para entregar el ansiosamente anticipado mensaje y las llaves del evangelio del arrepentimiento—que gozo—que maravilla—que asombro.  Mientras el mundo estaba arruinado y distraído—mientras millones estaban agrupándose como ciegos hacia la pared, y mientras todos los hombres descansaban sobre la incertidumbre como una masa general, nuestros ojos vieron—nuestros oídos oyeron.  Como si fuera el brillo del día; es más—sobre el brillo de la luz del sol que entonces derramó su brillantez sobre la faz de la naturaleza.  Entonces su voz aunque mansa penetró nuestro centro con sus palabras, ‘Soy su hermano siervo’ quitó cada miedo.  Nosotros escuchamos—miramos—admiramos.  Fue la voz de un ángel de la gloria—fue un mensaje de lo más alto.  Y al escuchar nosotros nos regocijamos cuando su amor ardió sobre nuestras almas y estábamos envueltos en la visión del Todopoderoso.  ¿Dónde cabía espacio para la duda?   En ningún sitio. La incertidumbre había huido, la duda se había hundido para jamás subir de nuevo mientras la fricción y la decepción habían huido para siempre.

Pero piense mi querido hermano, piense más por un momento en qué gozo había llenado nuestros corazones y con que sorpresa nosotros nos hubiéramos arrodillado para tener semejante bendición (¿Quién no se hubiera arrodillado para recibir tal bendición?).  Cuando recibimos bajo su mano el Santo Sacerdocio como el dijo “sobre vosotros mis consiervos, en el nombre del Mesías os confiero el sacerdocio y esta autoridad permanecerá sobre la tierra hasta que los hijos de Levi de nuevo ofrezcan al Señor un sacrificio en rectitud.”

No intentaré pintar los sentimientos de este corazón ni la belleza y la gloria que nos rodeaban en esta ocasión; pero me creerá cuando le digo que ni la tierra ni los hombres con la elocuencia del tiempo pueden ornamentar el lenguaje de una manera tan interesante y sublime como este personaje santo.  No, no tiene la tierra el poder para dar el gozo, para ofrecer la paz o para comprender la sabiduría que contenía cada frase al ser entregada por el poder del Espíritu Santo.  El hombre puede engañar a su prójimo, la decepción puede seguir otra decepción y los hijos de los malos pueden tener el poder para seducir a los tontos y a los no instruidos hasta nada menos que la ficción de comer a muchos y el fruto de la falsedad lleva a los necios a la tumba; pero un toque del dedo de su amor, si un rayo de la gloria del mundo superior o una palabra de la boca del salvador, del pecho de la eternidad, convierte todo en algo insignificante y lo saca siempre de la mente.  La seguridad de que todos estábamos en la presencia de un ángel; la certidumbre que escuchamos la voz de Jesús, y la verdad sin mancha al fluir de un personaje puro, dictada por la voluntad de Dios es para mi más allá de la descripción y yo siempre miraré la expresión de la bondad del salvador con maravilla y gracia mientras se me permita morar en esas mansiones donde mora la perfección y nunca viene el pecado y espero adorar el día que nunca terminará. 

Hoy en día la iglesia en este lugar estaba reunida y fuimos instruidos sobre el gran e importante tema de la salvación por el hermano Jared Carter, seguido por el hermano Sidney Rigdon.  Las verdades animadoras hábiles y elocuentemente enseñadas por estos hermanos eran como “manzanas de oro en cestas de plata.”—Los santos escucharon con atención y luego se rompió el pan y nosotros ofrecimos otro memorial al Señor que íbamos a acordarnos de Él.  

Debo terminar por el momento: mi vela está bastante extinguida y toda la naturaleza parece cerrada en silencio, cubierta en oscuridad y disfrutando aquel reposo tan necesario para esta vida.  Pero el período está pasando cuando la noche terminará, y los que se encuentren dignos, heredarán la ciudad donde ni la luz del sol ni de la luna será necesaria.  “Porque la gloria de Dios la iluminará y el Cordero será la misma luz”

O.COWDERY.

To W.W. PHELPS, Esq.

            P.S. Le escribiré otra vez sobre el tema de la Conferencia. O.C.

*Más adelante le daré una historia completa del desarrollo de esta iglesia hasta la época declarada en mi introducción que necesariamente incluirá la vida y el personaje de este hermano.  Por lo tanto, dejaré la historia del bautismo, etc. para su debido tiempo.

 

Carta II

Lugar: Noviembre de 1834
Donde: Kirtland, Ohio
Fuente: Messenger and Advocate 1:2 (Noviembre de 1834), 27-3

Texto:

To W. W. Phelps, Esq.

Estimado Hermano:

En la última edición del Messenger and Advocate yo prometí comenzar una historia más particular o detallada sobre el desarrollo y el progreso de la iglesia de los Santos de los Últimos Días; y publicarla para el beneficio de los investigadores y para todos los que están dispuestos a aprender.  Hay ciertos hechos relacionados con las obras de Dios, dignos para la consideración y la observancia de cada individuo y cada sociedad:l—Existen porque Él nunca obra en la oscuridad—sus obras siempre están efectuadas de una manera clara e inteligible: y otro punto es que Él nunca trabaja en vano.  No es así el caso de los hombres; ¿Mas por qué no puede ser?  Cuando el Señor obra, Él lleva a cabo sus propósitos y los efectos de su poder se ven después.  Pensando en esto, déjeme hacer unos comentarios como introducción.  Las obras del hombre pueden brillar por una temporada con un grado de brillantez pero el tiempo cambia su aspecto; y si fuera así o no, todo será igual en poco espacio puesto que no hay nada que permanece cuando se consume la corrupción menos lo que ha puesto la mano que nunca debilita.

No se me ha requerido adornar y ornamentar mi narrativa con una relación de la fe de Enoc y de los que le ayudaron a construir Sión donde él acudió a Dios en las montañas de lo cual la bendición fue mandada de la vida sempiterna—para ser guardada y preservada para agregar otro rayo de gloria a la gran comitiva, cuando los mundos se sacudirán desde su base hasta su centro; las naciones de los dignos se alzarán del polvo y los millones benditos de la iglesia del primer nacido, gritarán su venida triunfante para recibir su reino sobre el cual Él reinará hasta que todos sus enemigos se rindan. 

Tampoco escribiré la historia de la Iglesia del Señor, alzada según su instrucción a Moisés y Aarón; de las perplejidades y las desaprobaciones que llevaron a Israel a ser un pueblo caído por causa de sus transgresiones; su organización sobre la tierra de Canaán, su derrocamiento y dispersión entre las naciones, para recibir su recompensa por sus iniquidades al aparecerse el Gran Pastor en la carne.     

Hay necesariamente una uniformidad tan exacta, una manera tan precisa y ordenanzas tan detalladas durante las edades y las generaciones que Dios ha establecido su iglesia entre los hombres.  Si yo pudiera tener la ocasión de estar en una de las edades y particularmente la del Mesías y los apóstoles de esa iglesia, siendo un testigo de ella hasta que perdió su presencia en la tierra y fue empujada hacia la oscuridad o que Dios reservó el Santo Sacerdocio hasta el siglo actual como derecho de este país libre, de pronto yo tomaría el privilegio.  Muchos de pronto dudan de esto puesto que una admisión de este punto derrocaría los sistemas populares del día.  Yo no puedo anticipar entonces que la mayoría de los profesores estén dispuestos a escuchar mi argumento por un momento pues una investigación cuidadosa, imparcial y fiel de las doctrinas que creo que son correctas, y los principios apreciados en mi pecho—y creídos por esta iglesia—debe ser admitida como la verdad por cada hombre honesto.  De esto yo puedo decir lo que Tertulian le dijo al Emperador al escribir en defensa de los santos de su día: “¿Quién no examinó con cuidado nuestra religión y no la adaptó?”  

Puede ser que las luchas y los planes de los hombres sean derrocados o destruidos por la oposición.  Puede ser que los sistemas de este mundo sean explotados y alienados por la opresión o la falsedad; pero es muy diferente con la religión pura.  Hay un poder asociado con la verdad que todas las artes y los designios de los hombres no pueden comprender; hay una influencia creciente que sube en un lugar mientras se tapa en otro, y mientras más se difama, más difícil es efectuar su extinción y más numerosos son sus fieles.—No es el grito vano de la “desilusión” de la multitud inconsistente; no son las burlas de los intolerantes; no son las caras malas de los fanáticos, tampoco es la furia de los príncipes, reyes ni emperadores lo que pueden prevenir su influencia.  Tal como decía Tertulian el hecho es que ningún hombre ha examinado su consistencia y su naturaleza  sin adoptarla.  Es imposible: Es la luz que alumbra el hombre, una vez maravillado; esa inteligencia que existía antes del mundo y esa sabiduría en la economía Divina será tan evidente que será abrazada, observada y obedecida.

Examina la religión pura cuando ha existido sobre la tierra, siempre notará las mismas características en todos sus detalles.  Examina la verdad (sin la cual lo anterior no existiría) y las mismas peculiaridades son aparentes.  Los que han sido guiados por ellas siempre han mostrado los mismos principios; los que no han sido guiados por ellas han tratado de destruir su influencia.  Esta religión ha tenido sus amigos y sus enemigos; sus defensores y sus oponentes.  Pero los miles de años que han venido y han pasado la han dejado sin alteración; los millones que la han aceptado y que ahora están gozando la dicha, han dejado sus principios sin cambio y su influencia no debilitada sobre un corazón honesto.  ¡Hay muchas oposiciones que la han enfrentado, millones de calumnias, numerosos reproches y las multitudes de falsedades que han dejado su linda forma sin daño, su belleza intacta y su excelencia tan excelente; mientras su certidumbre es igual y su fundación sostenida por la mano de Dios!

Quiero hacer notar una peculiaridad de los hombres en la primera parte de mi narrativa.  Tal como se extiende mi conocimiento y sabiduría de los hombres y su historia, ha sido la costumbre de cada generación de jactarse o de ensalzar los actos de la generación anterior.  En este aspecto quiero escribir sobre los dignos—aquellos a quienes Dios ha comunicado su voluntad siempre.  Siempre ha existido una ceguera aparente común en los hombres que ha prevenido su descubrimiento del valor verdadero y excelencia de individuos al morar con ellos; pero una vez privado de su sociedad, su valor y su concilio, ellos estaban listos para exclamar, “cuán grande e inestimable eran sus cualidades y cuán preciosa es su memoria.”   

¡Los más viles y corruptos no están exentos de este cargo: aún los Judíos, cuyos principios anteriores se habían degenerado, y cuya religión era puro espectáculo, se encontraban entre la clase que estaban listos para construir y guarnecer los sepulcros de los profetas y condenar a sus padres por sentenciarlos a la muerte; elevándose de su propia dignidad y de la certeza de la salvación, en pos de que ellos se levantaron en común acuerdo, traicionaron y crucificaron al Salvador del mundo!  ¡Con razón el investigador ha salido con repugnancia, sin maravillarse de que Dios haya señalado el día que llamaría a las naciones ante Él para recompensar a cada hombre según sus obras!

Enoc caminaba con Dios y fue llevado a casa sin probar la muerte.—¿Por qué no todos fueron convertidos en su día para ser llevados con él a la gloria?   Noé, se ha dicho, era perfecto en su generación, caminaba con Dios y fue llevado a casa sin probar la muerte.—¿Por qué no todos fueron convertidos en su día para ser llevados con él a la gloria?  ¡Noé, se ha dicho, era perfecto en su generación y es claro que tenía una comunión con su Hacedor y que por medio de su dirección se llevó a cabo una obra, la paralela de la que no se encontraba en los anales del mundo!  ¿Por qué el mundo no se convirtió a la verdad para poder parar el diluvio?  Los hombres desde los días de nuestro padre Abraham han hablado, elevado y alabado su fe: y él también es representado en las escrituras: “el padre de los fieles.”  Moisés habló con el Señor cara a cara, recibió la gran ley moral sobre la cual todos los gobiernos civilizados se han fundado, guió a Israel por cuarenta años y fue llevado a casa para recibir el galardón de sus labores—entonces Jacob pudo darse cuenta de su valor.  Entonces la pregunta que hizo Nuestro Señor fue de valor, “¿Cómo pueden llorar los hijos de la desposada cuando el desposado está con ellos todavía?”  Se ha dicho que Él viajó y enseñó los principios dignos de su reino por tres años durante lo cual él escogió doce hombres y les ordenó como apóstoles.  El pueblo vio y escuchó—muchos de ellos recibieron el beneficio de ser sanados de sus debilidades y enfermedades, de pestes y demonios.  Lo vieron caminar sobre el agua, vieron los vientos y las olas calmados por su mandato, le vieron dar de comer a miles con una miseria de alimentos y vieron como los poderes de la oscuridad temblaron en su presencia—y muchos otros ante Él lo consideraban como un sueño y una ocurrencia común hasta que se cumplió el tiempo y Él fue llevado.  Mas cuando Él estaba con ellos les dijo: algún día vosotros desearéis ver al Hijo del Hombre pero no lo veréis.  Él sabía que la maldición iba a caer sobre ese pueblo y que la ira del cielo les iba a derrocar hasta su derrota.  Y cuando esa ciudad dedicada estaba rodeada de ejércitos, bien podemos concluir que deseaban que un protector con suficiente poder les guiara a algún sitio seguro del tumulto del ataque.   Desde que los apóstoles durmieron en su descanso, todos los hombres que poseen una fe en su misión ensalzan sus virtudes y celebran su fama.  Parece que se han olvidado que ellos eran hombres con enfermedades, sujetos a todos los sentimientos, a las pasiones y las imperfecciones comunes como otros hombres.  Pero parece que ellos al igual que otros hombres son percibidos como hombres de perfección, santidad, pureza y bondad más que cualquier otro grupo desde entonces.  Así se percibían los caracteres de los profetas en los días de los apóstoles.  ¿Cuál puede ser la diferencia en su galardón si un hombre murió por causa de la rectitud en los días de Abel, Zacarías, Juan y los doce apóstoles escogidos en Jerusalén o desde entonces?  ¿No es la vida de uno igualmente tan preciosa como la de otro?  ¿Y no es igual de verdadera la verdad?   

Mas al examinar las vidas y los actos de los hombres de generaciones del pasado, siempre que encontramos a un hombre digno entre ellos, siempre había excusas para no hacerle caso o para no creer en su testimonio.  El pueblo siempre podía percibir sus imperfecciones, o al menos sus supuestas imperfecciones, y siempre quería colocar una excusa sobre ellas para no creer.  No importaba la pureza de sus principios y la preciosidad de sus enseñanzas, siempre se buscaba una excusa para no allegarse a los principios. 

La próxima generación tal vez fue favorecida con hombres igualmente rectos los cuales fueron condenados por los mismos principios que los profetas anteriores predicaban.  La multitud se elevaba al pretender seguir los actos y preceptos de los anteriores cuando en realidad sus doctrinas no eran más puras, sus esfuerzos para convertir a los hombres a la rectitud no eran mayores, ni tampoco su camino era más circunspecto.  Las tumbas de los anteriores se consideraban santas y su sepulcro adornado mientras Él estaba privado de una morada entre los hombres o de una existencia sobre la tierra.  Tal ejemplo de depravación y de inconsistencia de los hombres ha sido su conducta contra los dignos durante los últimos siglos. 

Cuando Juan el hijo de Zacarías vino entre los judíos, se ha dicho que vino sin comer pan ni tomar vino.  En otro lugar se dice que su carne eran langostas y miel silvestre.  Los judíos cuando lo veían, lo escuchaban predicar y eran testigos de la pureza de sus doctrinas abogaban por una excusa y pronto encontraron una: “¡Tiene un Diablo!  ¿Y quién entre todas las generaciones que valorizaba su salvación iba a ser enseñado o a seguir a uno poseído por un diablo?   

El Salvador vino en forma y semblanza de un hombre; Él comía, bebía y caminaba como un hombre, y ellos decían, “He aquí, es un hombre glotón, un bebedor de vino y un amigo de los publicanos y los pecadores!”  Se buscaba una excusa pero no tardaron en encontrarla.  ¿Quién iba a seguir a un líder disipado?  ¿O quién entre los Fariseos rectos iba a reconocer a un hombre que se bajaba a comer con publicanos y pecadores?   Esto fue demasiado—ellos no podían aguantarlo.  Un individuo que enseñaba las doctrinas del cielo y que declaraba que el reino ya venía o que había venido debía haber parecido diferente que los demás y él no podía ser recibido.  Si tenía sed Él no podía beber, si estaba desmayado no podía comer, si estaba cansado no debía descansar porque había asumido la autoridad para enseñar la rectitud al mundo.  ¡Así que Él tenía que ser diferente en modales, en constitución y en forma para atraer a todos con su apariencia singular: que su aspecto ganara la reverencia del pueblo o entonces era un falsificador, un maestro falso, un hombre malvado, un pecador y un cómplice de Beelzebub, el príncipe de los diablos!

Si la singularidad de apariencia o la diferencia de modales pudieran ganar el respeto, seguramente Juan habría sido tratado con reverencia y escuchado.  Al ver a uno que venía de tierra silvestre, vestido de cabello de camello, sin beber vino ni bebidas fuertes, ni comida común; él debió haber sido un espectáculo curioso.   Pero había una peculiaridad que este hombre tenía en común con todos los hombres dignos antes de él por lo que la gente le odiaba y por lo cual perdió su vida.  Y es porque él enseñaba la santidad, proclamaba el arrepentimiento y el bautismo para la remisión de los pecados, advertía al pueblo de las consecuencias de la iniquidad y les declaraba que el reino de Dios estaba por venir.  ¡Todo esto fue demasiado para ellos!  Para ver a un hombre vestido de una manera ridícula, sin comida normal, tampoco bebiendo vino como los otros que se presentaba delante de los estudiados y reverentes Fariseos, doctores sabios y escribanos rectos para declarar que el reino del Señor estaba, esto fue demasiado para aguantarlo.  Ellos pensaban que él no debía enseñar, ni asumir poder, ni guiar a la gente puesto que “¡él tenía un diablo!”  

Los judíos estaban dispuestos a creer en los antiguos profetas, de seguir las direcciones del cielo que ellos les entregaban.  Pero cuando vino uno que se les acercó para enseñar y proclamar la misma doctrina, ellos no quisieron escucharlo.  Los hombres han dicho que si pueden ver entonces creerán, mas yo he visto lo opuesto—si no pueden ver ellos creerán.  

Se puede identificar una de las dos razones por las cuales los mensajeros de la verdad han sido rechazados.  La multitud vio sus supuestas imperfecciones para tener una excusa para rechazarles, o a causa de la corrupción de sus propios corazones al ser regañados no quisieron arrepentirse.  ¡Entonces lo designaron como un ofensor por su palabra, o por ponerse cabello de camello, por comer langostas, por tomar vino o por ofrecer amistad a publicanos y pecadores!  

Al mirar las escrituras sagradas, nos olvidamos de que fueron dadas por hombres de imperfecciones, sujetos a pasiones.  Existe la creencia de que los profetas antiguos eran perfectos, que jamás apareció en sus caracteres ninguna mancha ni tacha mientras estaban en la tierra, la cual llegó a ser un pretexto por sus enemigos para no creer.  Lo mismo se ha dicho de los apóstoles.  Pero Santiago decía que Elías era un hombre sujeto a las mismas pasiones que ellos mas él tenía ese poder con Dios para contestar su oración para que no lloviera en la tierra por el espacio de tres años y medio.    

No cabe ninguna duda de que a los que Santiago escribía miraban a los profetas antiguos como una raza de seres superiores en aquellos días y que para ser constituido como un profeta de Dios, un hombre tenía que ser perfecto en todo aspecto.  La idea era que tenía que ser perfecto según su significado de la palabra.  Si un pueblo estaba bendecido con profetas, ellos tenían que ser individuos que iban a prescribir las leyes por las que tenían que ser gobernados aún en sus caminatas privadas.  La siguiente generación creía que aquellos hombres que creían en la palabra de Dios eran tan perfectos como los que la recibían.  Esta nueva generación prescribía las reglas  para gobernar y establecían leyes declaradas como los principios gobernantes de los profetas como si ellos mismos tuvieran las llaves de los misterios del cielo después de haberlas buscado en los archivos de las generaciones del mundo.   

Usted verá que yo he hecho mención del Mesías, de su misión en el mundo, de su caminata y apariencia exterior.  Mas no vaya a pensar que le estoy colocando en el mismo nivel de los hombres o su misión como paralela a las de los profetas y los apóstoles—lejos de esto.  Yo veo su misión como una que ningún otro podía cumplir—El fue ofrecido sin mancha a Dios una expiación por nuestros pecados, El se alzó triunfante y victorioso sobre la tumba y Él es el que tiene el poder sobre la muerte.  Esto, no podía hacer el hombre.  Requería un sacrificio perfecto—el hombre es imperfecto.  Requería una ofrenda sin mancha—el hombre no esta sin mancha.  ¡Requería una expiación infinita—el hombre es mortal!    

Como notará, yo he hecho mención de nuestro Señor no para mostrar que los individuos que enseñan la verdad, son perfectos o imperfectos, se han percibido muchas veces como los peores hombres.  Y aún nuestro Salvador, el gran Pastor de Israel, fue burlado y denigrado, y colocado como el paralelo al príncipe de los demonios.  Los profetas y los apóstoles a pesar de que hoy en día son percibidos como la perfección, se consideraban como los más bajos de la familia humana por aquellos con los que vivían.  No es un rumor, aunque se sopla en cada brisa y repetido por cada céfiro sobre los cuales tenemos que fundar nuestros juicios por méritos o falta méritos.  Por eso construimos un altar sobre el que sacrificamos a los hombres más perfectos y establecemos un criterio por el cual los más viles se escapan de la condenación.   

Pero para no cansarlos con demasiados comentarios sobre la historia del pasado, después de la corrección de una narrativa con la descripción que he propuesto, yo seguiré con mis palabras.—Editor. 

 

Inserción de José Smith

 

Fecha: Diciembre de 1835
Donde: Kirtland, Ohio
Fuente: Messenger and Advocate 1:3 (Diciembre de 1835), 40

 

 

Messenger and Advocate, December 1835

 

 

Texto:

Hermano O. Cowdery:

Habiéndome dado cuenta desde la primera edición del Messenger and Advocate que tú no solamente ibas a "dar una historia del desarrollo y el progreso de la iglesia de los Últimos Días,” sino que también dicha “historia iba a incorporarse en mi vida y mi carácter,” me siento obligado a darte el tiempo y el lugar de mi nacimiento puesto que he aprendido que muchos de los que se oponen a los principios que he compartido con el mundo poseen un conocimiento personal junto conmigo aunque piensen que tengo otra edad, educación y estatura de la que en verdad tengo.

Yo nací (según el registro guardado por mis padres) en el pueblo de Sharon, condado de Windsor, Vermount el 23 de diciembre de 1805. A la edad de diez años la familia de mi padre se trasladó a Palmyra, Nueva York donde residí hasta cumplir veintiún años y fue al final de este año que empecé a vivir en el pueblo de Manchester.

Durante esta época, como es común con la mayoría o con todos los jóvenes, caí en muchos vicios y frivolidades.  No obstante, como mis acusadores han estado ansiosos para acusarme de violaciones de la paz y el orden de la comunidad, tomo esta ocasión para comentar que aunque como he dicho arriba que caí en muchos vicios y frivolidades, no he sido culpable, ni puede ser comprobado, de maltratar ni de herir a ningún hombre en la sociedad.  Esas imperfecciones a las que me refiero, y que a menudo me he lamentado, eran ligeras, por el hecho de tener una mente vanidosa a menudo por tratar de  exhibir una conversación necia y trivial.     

Aunque mis acusadores pueden sancionar mi carácter moral, quiero agregar que no es sin un sentimiento profundo de remordimiento por lo cual ahora soy llamado para contestar a mi propia consciencia, para cumplir un deber que debo a mí mismo y también a la causa de la verdad para hacer esta confesión de mi caminata anterior no muy circunspecta y conversación no casta, y en especial como yo me he portado en violación de esos preceptos santos que sabía que venían de Dios.  Pero como los “Artículos y Convenios” de esta iglesia son claros sobre este punto particular, yo lo juzgo importante seguir.  ¡Solamente agrego que nunca he pretendido ser nada menos que un hombre “sujeto a la pasión” que sin la ayuda de la gracia del Señor puede desviarse del camino perfecto que todos los hombres son mandados para seguir! 

Como el poder se te ha dado de arriba de darme un lugar en tu publicación, estás confiriéndome un favor eterno como individuo con el cual tengo todo el deseo humilde de servir en la causa de la rectitud.  
Yo tengo sentimientos de estima para ti, tu hermano labrador en el evangelio del Señor.  

JOSÉ SMITH, hijo

Carta III

 

Fecha: Diciembre de 1835
Donde: Kirtland, Ohio
Fuente: Messenger and Advocate 1:3 (Diciembre 1835), 41-43
Texto:

To W. W. Phelps, Esq.

Querido Hermano:  

Después de un mes de silencio, el que convenía con mi promesa, yo sigo sobre el tema que propuse en número del Advocate.  Tal vez una disculpa aquí por mi brevedad no sería correcta.  Hay muchos incidentes subsiguientes tocantes a la organización y el establecimiento de una sociedad que voy a dar que se han ignorado o perdido, pronto enterrado con las figuras históricas, lo cual previene una reflexión pormenorizada y detallada que a menudo ha deseado ver para unos “Actos de los apóstoles” y para los santos antiguos.  Pero tales hechos que sí se encuentran dentro de mi conocimiento serán dados son referencia a las inconsistencias, en las mentes de otros, o las imposibilidades, en los sentimientos de tales que no dan credulidad al sistema de la salvación y la redención tan claramente desarrollado y tan sencillamente escrito sobre la faz de las sagradas escrituras.          

Necesito comentar entonces brevemente sobre la propiedad de esta clase de narrativa.  Como ya lo has sabido, esta iglesia ha sufrido reproche y persecución de una mayoría de la humanidad que ha escuchado un rumor desde su primera organización.    Cuanto más, te has enterado del hecho de que tan pronto como los mensajeros tenían la plenitud del evangelio y empezaron a proclamar sus preceptos celestiales, llamando a los hombres a aceptarlo, ellos fueron calumniados por miles de personas que nunca habían visto antes.  Tampoco sabían algo despreciativo acerca de sus caracteres morales o religiosos.  Sobre esta manera injusta y anticristiana de procedimiento ellos han dado en hojas grandes sus opiniones sobre el error de nuestro sistema y han testificado volúmenes acerca de nuestras vidas y caracteres.           

Puesto que nuestros enemigos han hecho pública nuestra causa, es justo dar un relato correcto; y puesto que ellos han invariablemente colocado una sombra sobre la verdad, para detener su progreso, es preciso que sea reivindicada ante el mundo dando una declaración correcta de los eventos tal como han ocurrido a través del tiempo. 

Si yo logro mi propósito o no de convencer al público acerca de la falsedad de aquellos informes difamatorios que han inundado nuestra tierra, o aún una pequeña parte de ellos, será mejor  que se forme un juicio cuando termine de narrarlos y no en su comienzo.   Estoy contento de entregarlo ante los cándidos y ante el Juez para la inspección pues seguramente creo que ante ÉL debo pararme para contestar por los actos llevados a cabo en esta vida.    

Si yo, no obstante, soy un instrumento para causar que algunos escuchen antes de juzgar la iglesia y que comprendan ambos lados del asunto antes de condenarla, yo tendré la satisfacción de verles aceptándola.  Pues estoy seguro que uno es el fruto inevitable del otro.  Pero continuemos: 

Usted se acordará que le informé en mi carta del primer número del Messenger and Advocate que en esta historia iba a incorporar la vida y carácter de nuestro estimado amigo y hermano, J. Smith, hijo, uno de los presidentes de esta iglesia.  Para información sobre este tema, le refiero a la comunicación que le envié sobre lo mismo publicada en este periódico.  Por lo tanto, pasaré sobre aquel hasta llegar al año quince de su vida. 

Es necesario dar una primicia de este relato al relacionar la situación en la mente pública con relación a la religión en esta época: Un tal señor Lane, un élder presidente en la iglesia metodista, visitó Palmyra y su vecindad.  El élder Lane era un hombre talentoso que poseía una buena porción de dones literarios y una humildad aparente.  Había un gran despertar y emotividad en cuanto al tema de la religión y muchas preguntas en cuanto a la vida.  Muchas adiciones se hicieron a las iglesias metodistas, presbiterianas y bautistas.  La manera de la comunicación del señor Lane estaba calculada para motivar el intelecto del oyente y para despertar al pecador para que buscara la verdad—mucha instrucción se sacaba de sus discursos sobre las escrituras y tal como muchos otros, la mente del hermano Smith se despertó.    

Durante un período de tiempo, la reformación parecía moverse de una manera armoniosa pero al disminuirse la emoción o mientras los que habían profesado una creencia en la influencia y condescendencia del Señor para perdonar empezaron a expresar ansiedades y los personajes principales de las varias sectas luchaban para lograr conversos.  La lucha parecía tomar el lugar de la unión y la armonía que habían caracterizado las costumbres y las exhortaciones de los viejos profesores.  Un grito—tengo razón—tú estás equivocado—fue introducido en su lugar.   

En la lucha general para ganar seguidores, su madre, su hermana y dos de sus hermanos naturales fueron persuadidos para unirse a los presbiterianos.  Este conflicto dio la oportunidad para mayor reflexión, como se verá más adelante esto causó una fundación para testificar que profesaban la verdad contenidas en ese registro llamado la palabra de Dios.   

Después de varias peticiones fuertes para unirse a una de esas diferentes religiones, y al ver la disposición aparente para predicar con igual ardor de cada una, su mente fue conducida para contemplar más en serio la importancia de esta clase de cambio.  Testificar sobre la divinidad sin su influencia benigna sobre su corazón fue una cosa tan extraña a sus sentimientos que su espíritu no podía descansar de día o de noche.  Unirse con una sociedad que profesaba ser construida sobre la única fundación segura cuando la profesión era en vano, fue calculada cada vez más para motivar su mente a prever las consecuencias de moverse sin cuidado en un camino lleno de realidades eternas.  Decir que uno tenía la razón cuando todavía estaba equivocado no podía dar ganancia; entre tantas sectas, algunas debían de estar construidas sobre la arena.  

En esta situación, ¿A dónde podía ir?  Si iba a una le decían que tenían la razón y que todas las demás estaban equivocadas.  Si iba a otra, lo mismo se escuchaba: Todas profesaban ser la iglesia verdadera y si no eran hipócritas pues si se me presenta un sistema de religión y si le pregunto a mi maestro cuál es la correcta, y si me informa que él no está seguro, él admite de una vez que está enseñando sin la autoridad y actuando sin ser comisionado por alguien.  

Si uno profesaba un grado de autoridad o preferencia en consecuencia de la edad o derecho y esa superioridad estaba sin evidencia, no era suficiente para convencer una mente una vez despertada al grado de la terminación que operaba en él en aquel entonces.  Y al reflexionar más, que el Salvador había dicho que la puerta estaba derecha y el camino angosto que conducen a la vida eterna, y que pocos entraban allí, mientras el camino y la puerta que conducían a la destrucción eran amplios y congestionados.  Se necesitaba una prueba de alguna fuente para calmar la mente y dar paz al pecho agitado.  No es frecuente que las mentes de los hombres se ejercen con la determinación relativa para obtener una certeza de las cosas de Dios.—Ellos se contentan para ignorar esa certeza que el Señor Jesucristo tan libremente ha ofrecido en su palabra al hombre y que tan hermosamente caracteriza todo su plan de la salvación tal como se nos ha revelado.  

 

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UN RESUMEN

De las comunicaciones de los élderes y de otros.

De acuerdo con nuestra última correspondencia damos en esta carta un resumen de la información recibida en esta oficina hace un tiempo que no ha sido incluida aquí anteriormente.

Los hermanos E. Barns y O. Kilborn, de Troy, condado de Bradford, Pensilvana escriben con fecha del 27 de octubre de la situación de la iglesia en ese lugar.  Había 28 miembros anteriormente en esa iglesia pero ahora son solamente 20, algunos salieron hacia el oeste.  Ellos nos informan que hay enemigos de la causa de la verdad en ese territorio que buscan oponerse a su poderosa influencia; mas esto es difícil: aunque ellos hasta ahora han detenido la entrada de algunos en el reino del Mesías, no obstante el tiempo vendrá cuando las falsedades se quitarán y los rayos puros de la rectitud alumbrarán los corazones de los mansos.  Los santos solamente tienen que caminar de acuerdo con su propia profesión y la cadena del adversario se cortará.  Si unos de los élderes viajeros pasan por aquí ellos deben visitarnos.  Ellos suelen decir: “Hermanos, orad por nosotros, para que podamos tener una posesión completa de la fe que anteriormente se daba a los santos y gozar en perfección de la plenitud del evangelio.

Hemos estado esperando a algunos de los élderes del oeste y deseamos que el Señor les envie aquí para instruirnos más perfectamente en esta región en cuanto al camino de Dios.”  
Reconocemos el recibo del dinero mandado por estos hermanos por los periódicos, con una nueva suscripción. 
Los élderes D. W. Patten y W. Parish escriben desde Paris, Tennesee bajo la misma fecha (27 de octubre) para dar las muy gozosas y nuevas que siete se han bautizado y que la promesa del esparcimiento y el aumento de la obra se alumbran.  Nos informan que ellos tienen grandes congregaciones y atentas muchas de las cuales buscan la verdad con ansiedad.    

Mas la información usual acompaña las noticias de arriba que los hombres de artimañas se combinan para causar que el pueblo se ensordezca al evangelio y que muchos en consecuencia se detengan en su investigación de esos principios sagrados tan necesarios y tan importantes para la salvación del alma.   

Ellos nos mandan varios subscritores para el Messenger and Advocate, lo cual da una oportunidad a nuestros hermanos en ese lugar para conocer el crecimiento y diseminación rápida de los puntos de la verdad que ellos han aceptado.   
Creemos que ellos son los primeros para proclamar este evangelio en Tennessee y miramos esta providencia inicial como una manifestación peculiar de la sabiduría divina para traer del sur a sus hijos y a sus hijas para que cuando se cumpla la palabra del profeta “¡Al sur: No se atrasen!” ellos vendrán con la misma canción de gozo sempiterno.  ¡Que las bendiciones más preferidas del cielo estén con ellos con el Dios de Israel en estas regiones! 

El élder James Blakslee nos escribe de Woodville, Nueva York, el 12 de noviembre que aunque la iglesia en aquel lugar está rodeada de hombres incrédulos e inicuos, se encuentran algunos que están dispuestos a escuchar.  El dice que últimamente se ha organizado una iglesia en la aldea de Sackett's Harbor y que se aumenta todavía la reformación.  También en Pillow Point, una distancia corta del lugar de arriba, hay una iglesia que ahora tiene entre 20 y 30 miembros.  Y también unas millas desde la última, él y otro hermano han estado laborando y bautizando; ellos notan que muchos del pueblo les preguntan lo que deben hacer para ser salvados.  

Si fue una fuente de gozo para Pedro y para los otros apóstoles en el día de Pentecostés de ser favorecidos con un conocimiento correcto concerniente al plan de la salvación, es decir, el único modelo del Señor para salvar a los hombres, debe ser igualmente así ahora con los que predican las “buenas nuevas” cuando ellos consideran no solamente la duración del tiempo que el hombre ha sido privado de este conocimiento, sino también la corrupción y la oscuridad que cubren las mentes de los hombres.  

El añade que ellos necesitan mucho tener labradores fieles en aquella región.  Hay solamente dos élderes allí además de él, uno de ellos siendo recién ordenado.  Cierra por decir en sustancia lo siguiente:

“En este condado de seis iglesias hay solamente cuatro labradores en la viña del Señor en estas regiones.  Yo espero que utilicen su influencia para mandarnos unos labradores fieles tan pronto como posible.  The Star, ha sido un modo para hacer mucho bien.”     

¡Que el Señor mande a quienes El desea para salvar a algunos de esta generación que se pierden por una falta de visión!  Es su causa. 

Una comunicación de D. Nelson y M. Wilber, fechada en Providence, Rhode Island, el 13 de noviembre, nos informa no de un crecimiento de los miembros de la iglesia sino de una pedida ansiosa para que los élderes les visiten si están viajando por allí.  Dicen que algunos están mirando a ver el logro de la obra de Dios mientras otros se burlan y la desprecian.  Así era en los tiempos antiguos y no debemos esperar nada menos ahora. 

El señor Benj. F. Bird, de Southport, condado de Tioga, Nueva York escribe bajo la fecha del 14 de noviembre y dice: “Hace casi un año que recibo sus periódicos y puesto que yo consideraba el Libro de Mormón tan sagrado como la Biblia, los metodistas (aunque llevo 37 años como un miembro fiel) me expulsaron; pero agradezco a Dios por ello porque aunque ellos me echaron Jesús me aceptó.”   

El añade que no sabe si jamás tendrá el privilegio de unirse con esta iglesia como nunca a visto sino a un élder a quien le rogó que le predicara dos veces, lo que causó un gran disturbio y ruido entre el pueblo.  

Si algunos de los élderes están pasando por la región, ¿No sería buena cosa que ellos les visitaran?  Circulamos unos pocos periódicos en ese lugar, la cantidad más grande por la agencia de nuestro amigo anciano de quien hemos estado hablando y de quien reconocemos el recibo de dinero por el mismo.     

El élder John Lawson escribe de Kortright, Nueve York, el 17 de noviembre para informarnos que la buena obra esta progresando en ese lugar.  Hay una capilla pequeña y más personas están convencidas de la importancia del evangelio sempiterno.  El élder J. Murdock, anteriormente bautizó a seis o más desde entonces y el élder Lawson nos informa de otros.  Nosotros circulamos unos pocos periódicos en ese lugar y no dudamos que los élderes viajantes estarían bienvenidos allí.   

Nuestro hermano, W. A. Cowdery, el élder presidente de la iglesia en Freedom, Nueva York, nos informa por carta, fechada el 22 de noviembre, que la iglesia sigue progresando de una manera que conduce a la vida eterna.   

El también nos informa que se ha hecho una adición de unos 20 miembros a una iglesia pequeña de trece, alzada en Grove, condado de Allegany por el élder J. Gould y que las oportunidades son positivas. 

Otras fechadas en Freedom del día 15, aprendemos que otro ha sido agregado a la iglesia por medio del bautismo últimamente.  No podemos dar el número de miembros asociados con esa iglesia.  Mas por causa de nuestro conocimiento anterior y por aprender de la adición de otros desde entonces, suponemos que debe ser bastante grande.   

El élder Z. Snow escribe desde Mount Pleasant, Canadá, el 28 de noviembre para informarnos que la iglesia en aquel lugar está prosperando en el camino del Señor.  No nos cuenta de ninguna adición sino que dice que la puerta para predicar se abre en más lugares más de lo que él puede laborar.  El ha predicado a muchas congregaciones atentas pero se encuentra detenido en la obra del ministerio a causa de su obligación para mantenerse a sí mismo y a su familia.  

Nosotros no recordamos el número de miembros en aquella iglesia pero son muchos y no tenemos duda de que miles entrarían en el reino del Mesías si los hombres fieles pudieran proclamar en aquellas regiones.   

Otra carta de la misma fecha del élder Z. Coltrin y N. West, escrita en Liberty, Iowa trae noticias que la iglesia ha comenzado a establecerse en ese lugar.  Ellos dicen que una puerta grande está abierta para predicar en esa región, que ellos llevan dos semanas laborando allí, que han bautizado a dos mientras muchos más están ansiosos para escuchar y que otros han manifestado una fe completa en el evangelio sempiterno.   

El élder Seymour Brunson nos escribe de Bloomfield, Ohio bajo la fecha del 29 de noviembre para decir que durante el verano anterior la iglesia en el condado de Lawrence en la parte sur de este estado, ha recibido algo de persecución tal como esfuerzos para herir a personas y destruir algo de propiedad.  Pero parece que los santos no perderán su creencia ni sus privilegios por el miedo.  La chusma en el condado de Jackson, Missouri ha dejado una enseñanza a cada santo de que debe protegerse de cualquier daño que se pueda manifestar o de lo contrario se perdería todo durante años.  No hay defecto en la ley si se administra justamente, pero ciertas comunidades se controlan por una influencia inicua y vulgar, y los grandes principios fundamentales de nuestro Gobierno se ignoran para complacer a un grupo de hombres y sus artimañas.   

Imploramos a nuestros hermanos que sean mansos y no agresores.  Mas si los hombres sin ley rompen sus cercas, destruyen sus cosechas o tratan de insultarles o hacerles daño, hay que llevar a tales personas a la justicia y enseñarles a no meterse en los asuntos de los demás para hacerles sentir cuanto antes las consecuencias de seguir una ley rota.  

El hermano Abel Allton de Jay, condado de Orleáns, Vermont escribe en la misma fecha para ser recordado junto con su pequeña iglesia por los élderes viajeros cuando ellos pasen por allí.  Hay once personas en esa iglesia que según él están hambrientos para que alguien les predique la palabra de Dios.  El piensa que ellos han sido la rama más ignorada de la iglesia pues ningún élder ha sido llamado desde el último de febrero, excepto el élder Boynton que fue llamado en julio.  “Nosotros queremos,” dice él, “que algún predicador fiel haga su labor con nosotros para estimular nuestras mentes por el camino de la memoria.” 

Los élderes J. Hichcock y S. Chase nos escriben del condado de Franklin, Missouri para dar las noticias del comienzo en ese territorio para la diseminación de principios puros.   

Estamos al tanto de la conducta de la chusma del condado de Jackson la cual ha servido para causar un prejuicio en las mentes de muchas personas contra el pueblo del estado; pero queremos asegurarles de que no hay pocos hombres de principios y sentimientos correctos que miran el ultraje vergonzoso con una emoción de repugnancia y de remordimiento como pasaría en cualquiera porción de nuestra República.  Nos atrevemos a decir que ninguna parte de nuestra tierra produce grandes cantidades de individuos que extienden la mano de benevolencia a los necesitados como ellos.  Es un país nuevo pero como es común en todos los nuevos estados o territorios, está contaminado con hombres más o menos criminales que se han escapado de la mano de la justicia en la casa para huir a la seguridad de la tierra silvestre.—Editor.