EL CAMINO ANTIGUO (A LA DERECHA) de Nazaret a Capernaum, Galilea, Israel. Mateo escribe, “Cuando Jesús oyó que Juan estaba preso, volvió a Galilea; y dejando a Nazaret, vino y habitó en Capernaum, ciudad marítima, en la región de Zabulón y de Neftalí” (Mateo 4:12–13). Cuando Jesús viajó en este antiguo y usado camino desde su aldea de infancia al pueblo más grande de pesca en la ribera nordeste del Mar de Galilea, él tenía treinta años de edad. Durante los próximos años su ministerio sería diseminado por Galilea, Judea y por todo el mundo. No obstante, él sería siempre identificado con Nazaret.
Cuando Jesús empezó su ministerio, él llamó a los discípulos que le siguieran. Después de escoger a Felipe, Felipe encontró a Natanael y le dijo: “Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret” (Juan 1:45; énfasis agregado). Natanael entonces hizo la pregunta famosa, “¿De Nazaret puede salir algo de bueno?” (Juan 1:46, énfasis agregado). Felipe astutamente repuso, “Ven y ve” (Juan 1:46). Providencialmente, Natanael decidió aceptar la invitación de Felipe para venir y ver por sí mismo. El lo hizo y descubrió que Jesús realmente era él, de quien los profetas habían hablado. Después de su breve encuentro con Jesús, Natanael testificó, “Rabí, tú eres el hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel” (Juan 1:49).
CUANDO JESÚS SALIÓ DE LA PEQUEÑA, INSIGNIFICANTE ALDEA CONOCIDA como Nazaret, él empezó un ministerio de curación y enseñanza que le condujo a la Ciudad Santa de Jerusalén para su celebración final de la Pascua. Allí siendo el verdadero “Cordero de Dios” él sufrió y murió (véase Juan 1:29). Aún en su muerte, él fue identificado con la pequeña aldea fuera del camino mayor en los cerros de Galilea: “Escribió también Pilato un título, que puso sobre la cruz, el cual decía: JESÚS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS” (Juan 19:19; énfasis agregado).
Muchos años después, siguiendo la Resurrección, Pedro empezó a extender su misión fuera de sus hermanos y hermanas judíos cuando él visitó el centurión romano Cornelius en Cesárea Marítima para compartir las “buenas nuevas.” En esta reunión histórica, Pedro empezó a darse cuenta de que la misión de Jesús iba a expandirse más allá de Galilea y Judea. Entonces fue cuando él empezó su famoso sermón que iba a conducir a la conversión de los primeros Gentiles con la identificación geográfica del hogar infantil de Jesús: “cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (Hechos 10:38; énfasis agregado).
El impacto que Jesús tenía sobre las personas se nota en la manera en que los discípulos mismos dejaban sus redes de pesca, sus barcos, sus vidas sencillas; uno dejó su barraca de peaje y otros dejaron a jefes reales para seguir a Jesús de Nazaret. Ellos se convirtieron de labradores comunes, escritores, pescadores y miembros de la burocracia real a discípulos que iban a empezar a cumplir con el mandato del Señor: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:19–20). Como resultado el pueblo más allá de la Tierra Santa iban a aprender acerca de Jesús de Nazaret. Como decía Mateo de Jesús, “Y vino y habitó en la ciudad que se llama Nazaret, para que se cumpliese lo que fue dicho por los profetas, que habría de ser llamado nazareno” (Mateo 2:23; énfasis agregado).