Discurso del Presidente Brigham Young en Mayo 6 de 1877
Brigham Young, ca. 1876, fotografía de Charles R. Savage, Cortesía de Gary y Carolynn Ellsworth.
Fecha: Mayo 6 de 1877 (domingo)
Lugar: El tabernáculo del Lago Salado, Utah, Estados Unidos
Fuente: Diario de Discursos 18: 358-362
Me tomo la libertad de hablar algunas palabras en esta ocasión a los Santos y a los pecadores. Esta expresión inmediatamente me lleva a preguntarme, ¿Dónde están los santos? ¿Y quiénes son? ¿Quiénes son los pecadores? Todos somos pecadores pero hay una gran cantidad de esta congregación que tratan de ser Santos. Para aquellos que profesan ser Santos tengo algunos textos de escritura. En lo que se refiere a aquellos quienes creen en la verdad y desean practicarla, para aquellos que desean vivir y permanecer en la verdad, en el amor de Dios, les digo que a quien ama Dios, Él lo prueba. Esto es así aunque lo creamos o no. Si no hemos recibido escarmiento, no recibimos ese testimonio, esa seguridad que nos testifica que lo amamos a Él. Otro texto de escritura: los malvados son una vara en la mano del Señor para purificar a su pueblo. Si el Señor nos ama y nosotros lo amamos a Él debemos esperar ser purificados; y no es de regocijo cuando recibimos el escarmiento, es más bien doloroso, pero si ejercitamos la gracia y el espíritu de la verdad esto nos llevará a los apacibles frutos de la rectitud.
Me gustaría susurrar en los oídos de los Santos de los Últimos Días, es decir aquellos que profesan ser Santos, para que sepan que el Señor reina y que los corazones de todo ser viviente están en sus manos. Él torna los corazones de los hijos de los hombres como las aguas de los ríos son tornadas. El rige en los ejércitos de los cielos y hace lo que le complace sobre la tierra. Cuando Él hace su voluntad nadie puede impedirla, cuando se propone abrir la puerta nadie tiene el poder para cerrarla, y cuando Él la cierra nadie tiene el poder para abrirla. Recuerden esto, Santos de los Últimos días, todo el mundo cristiano, todos los paganos infieles y judíos del mundo y todos en el mundo. Escuchen O naciones en todo el mundo y sepan que Dios vive, que Él se ha comunicado desde los cielos, y ha enviado su evangelio sempiterno a los hijos de los hombres y mediante la obediencia a éste ellos pueden ser salvos; y si lo rechazan ellos serán condenados. No podemos hacer nada al respecto, no es nuestro asunto, no es nuestra doctrina, es la doctrina de Él a quien nosotros servimos y obedecemos quien nos da la existencia, quien nos da el aliento y tenemos el derecho de creer en Él, para vivir y servirle y para construir y establecer su reino y nosotros lo estamos haciendo.
Si pudiera decirles la mitad de las cosas acerca de muchas cosas particulares, asombraría a los medio comprometidos quienes poseen poca o nada de fe, quienes no entienden la manera en que trabaja Dios entre los hijos de los hombres. En cuanto a la persecución, no hay otra manera de purificar a los Santos y preparar a las naciones para el bien o el mal, porque el Señor Todopoderoso envía sus juicios para limpiar la tierra y santificarla, justificando a los justos o condenando a los culpables para preparar el camino de la venida del Hijo del Hombre. Deseo decirles a los que están en la verdad y también a los que se encuentran fuera de la verdad que si no sintiéramos la vara de la persecución, los principios en los cuales creemos, los cuales atraen la atención de lo bueno y lo malo sobre la tierra y ocupan tantas lenguas que circunscriben su filosofía, sería acogido por miles quienes son indiferentes por ellos. Los hacedores de lo malo se congregarían en nuestras fronteras, y ya tenemos suficientes de ellos sin tener que recibir más. Ellos entrarían en esta Iglesia en grandes números. Y es por esta razón que el hermano George Q. Cannon [Elder George Q. Cannon, miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, 1860–1901] dice que se complace y se regocija en su persecución. Deberíamos estar satisfechos con ella, debemos darnos cuenta de la mano de Dios en ella para decir: Hagáse su voluntad y no la nuestra. Debemos observar de cerca a los Santos de los Últimos Días para ver si están manteniendo en línea al cumplir con su responsabilidad. El uso de esta clase de vara previene una venida que nos afectaría más que los que están fuera de esta Iglesia. No hay ningún hombre en esta ciudad [El Lago Salado] o en el territorio de Utah quien odie la verdad y los Santos de los Últimos Días, cuya influencia yo temo, ni la menor parte, tanto como el hipócrita lisonjero que pretende ser un Santo de los Últimos Días. Aquel no puede sembrar las semillas de la infidelidad y la falta de creencia en los corazones del pueblo tal como éste.
Deseo decirle a toda la gente que los principios del Evangelio que Dios ha revelado de los cielos a los hijos de los hombres sobre la tierra son aceptables para el sabio, el puro y el justo. No existe ninguna filosofía verdadera que no sea abrazada por el Evangelio puesto que ésta pertenece al Evangelio y es parte del Evangelio. La filosofía de los cielos y la tierra, de los mundos como son, como eran y como serán está en el Evangelio que hemos abrazado. Cada filósofo verdadero que entiende los principios de la verdad, tiene tanto del Evangelio y hasta ahora es un Santo de los Últimos Días aunque lo sepa o no. Nuestro Padre, el gran Dios, es el autor de las ciencias; Él es el gran mecánico, es el programador de todas las cosas; planea y concibe todas las cosas, y cada conocimiento que cada hombre posee es un regalo de Dios, ya sea que lo considere divino, o de la sabiduría del hombre; esto pertenece a Dios y nos lo ha otorgado sobre nosotros sus hijos los que moramos sobre la tierra.
Adoptamos los principios y ordenanzas de la Casa del Señor y cuando las presentamos ante la gente, ¿a quién le gustaría creerlas? Pregunten a la humanidad, al mundo pagano si no hay una doctrina o principio entre todos estos que no sean buenos los cuales no son buenos para que los hombres los reciban. Si pudiéramos encontrar un lugar tal como un mundo angelical podríamos preguntar a sus habitantes si nosotros hemos abrazado en nuestra fe un simple principio que sea bueno para ellos. Aún ellos no encontrarían una idea, “es tan bueno que no podemos pedir mas.” Porque los principios del Evangelio están diseñados para purificar el corazón, las manos, la boca, la mente y cada acto de los hijos de los hombres y prepararlos para vivir con seres perfectos y santos. Hay principios que valen la pena buscar, que valen la pena vivir y que valen la pena morir por ellos. En cuanto a la lucha que hay entre los Santos de los Últimos Días y el mundo, ¿tenemos alguna batalla con ellos? No. ¿Tenemos alguna contención? No, ni en lo más mínimo. ¿Tenemos alguna batalla para pelear? No, de ninguna manera. ¿Enviaremos nuestro ejército para contender contra ellos? No. Aquí hay palabras verdaderas. Debemos seguir adelante y declararlas hasta los confines de la tierra. Es nuestra misión y es todo lo que debemos hacer. Puede ser que combatan contra nosotros, pueda que nos envíen sus fuerzas y sus ejércitos. Dios reina y no les tengo miedo. Si me mantengo en la verdad, estaré bien. Con los principios que estos Santos de los Últimos Días creen, si pudiésemos controlar la situación de esas benditas sinvergüenzas, ¿tendríamos tiendas de licor? ¡No! ¿Permitiríamos que el hombre tome el nombre del Señor en vano? No. Si pudiéramos usar esta influencia moral podríamos parar la embriaguez, las palabrotas, el robo, la violación del día de reposo, el hablar mal de los unos de los otros y no tendríamos hombres deshonestos y todos los hombres harían lo correcto ante los ojos de Dios. Pero no, debemos ser perseguidos. Y esto está bien, perfectamente bien. Cada paso que damos y cada movimiento que hacemos debe ser escudriñado por el enemigo para ver si es verdadero. Me perdonarán la expresión. El mira cercanamente para ver si dejamos nuestra religión y dice: “Ahora Santos de los Últimos Días, ¿no están avergonzados de no hacer nada que sea travieso? Y trata de desanimarlos para que se alejen de la verdad. ¿Qué hará a cambio esto? ¿No causará que nos refrenemos de toda maldad y nos enseñe a ser mejores aún este castigo del diablo?
No debemos preocuparnos acerca de esto o de lo otro para nada, nos corresponde servir al Señor y mirar que hagamos su voluntad. En cuanto a la persecución y la matanza de los profetas, hayan sido en los tiempos antiguos o modernos, aún José e Hyrum Smith [martirizados el 27 de junio 1844], y otros Santos, hombres, mujeres y niños, como lo han hecho, no esperamos que los culpables de estos actos sean llevados a la justicia contra Jesús mismo y contra aquellos quienes han predicado la verdad, ¿y porqué? Porque los sistemas del mundo están errados; mientras el Evangelio es verdadero, se levanta solo, es firme como las montañas sempiternas; puede ser que las tempestades lo hieran pero permanece allí. ¿Pero qué pasa con aquellos que tienen celos y se oponen contra nosotros? Escuchamos a algunos de ellos que profesan el Cristianismo llorando: “Vengan a Jesús,” “Vengan a Jesús,” etc. ¿Y qué significa esto? No tiene mucho sentido. Si Jesús estuviera entre ellos hoy, lo echarían de entre ellos, porque ellos lo hicieron con sus siervos. Supongamos que el Apóstol Pablo, o Pedro o algunos de los Apóstoles entraran en una de sus capillas para predicar desde el púlpito su doctrina que predicaban cuando estuvieron sobre la tierra. ¿Qué piensan que les harían a ellos? Ellos los tomarían y los llevarían afuera diciendo: “Nosotros no tendremos entre nosotros falsos e hipócritas profetas como lo son ustedes.”
Hay de vez en cuando un buen hombre quien profesa predicar la verdad y cuando él predica lo dice así: “Mis hermanos pensamos que somos Cristianos, somos creyentes de la palabra de Dios, pero les digo que si los Apóstoles estuviesen aquí nosotros no los recibiríamos.” Eso es lo que estos buenos, honestos predicadores dirían y algunos pocos si lo dicen a sus congregaciones.
Un principio falso, una falsa teoría, ya sea en un mecanismo o filosofía, requiere mucho argumento y un talento superior para sostenerlo, pero cuando la verdad se presenta empieza por si misma a ser aceptada por la gente preparada así que no necesita una gran cantidad de aprendizaje para sostenerla ni ninguna destreza para ser declarada a los honestos quienes buscan la verdad y se mantiene firme y sonora.
Hace cuarenta y cinco años ellos estaban empeñados en matar al Profeta José. Me he acostado sobre el piso durante muchas noches al anticipar la chusma que buscaba quitarle la vida. Esta persecución empezó con un pequeño vecindario, luego con un pueblo y luego un condado [Jackson, Missouri, 1833; Caldwell, 1838; Hancock, Illinois; 1845–46], luego un estado [Missouri 1838, Illinois 1846], y luego la gente de los Estados Unidos [1857]; y eventualmente otras naciones estarán en amargura contra nosotros y las doctrinas que nosotros predicamos así como la gente de nuestras propias naciones. Ellos lucharán, tratarán, planearán y proyectarán diciendo: tomemos este curso y aquel, y tratarán hasta que lleguen a una parada como si se dieran contra una montaña de roca sólida. Ellos harán todo lo posible por vencernos y tratarán de destruirnos, esto ha sido el caso durante los últimos cuarenta y cinco años. José Smith tuvo cuarenta y siete demandas y yo estuve con él durante la mayoría de ellas y nunca se le pudo comprobar nada en contra de él; nunca fue culpable de la primera violación de la ley o del buen orden. Cuando el Gobernador Thomas Ford le pidió que fuera a la cárcel porque la chusma estaba tan airada que no podía asegurarle su vida y para que estuviese seguro hasta que regresase a su casa de Nauvoo, él dijo: “Yo te prometo tu seguridad sobre la fe del Estado de Illinois.” Pero tan pronto él se fue, la chusma asesinó a José y a su hermano Hyrum en la cárcel. Eso tenía que ser así. Escuché decir a José, muchas veces, “No viviré hasta los cuarenta anos de edad.” Durante la primavera antes de que fuese asesinado—su muerte ocurrió el 27 de Junio de 1844—él mandó que salieran de allí los primeros Élderes de la iglesia. Está bien pensé entonces y lo pienso ahora también. Todo está en las manos de Dios. Ellos asesinaron a José, ¿y con qué propósito? Por el bien del Evangelio. No era por su maldad pues yo lo conocía muy bien. El testificó de la verdad, él selló su testimonio con su sangre. Ya sea que creamos en el sacrificio de sangre o no, el Señor ordenó que José tal como los otros profetas sellara su testimonio con su sangre.
El domingo pasado yo dije aquí que si la gente de este gobierno no está satisfecha con lo que ha pasado durante estos veinticinco anos [La guerra Civil de los Estados Unidos, 1861–65], “Esperen un poco más para que estén satisfechos con la sangre.” Ellos derramaron sangre inocente; y si no están satisfechos con la sangre, ellos la derramarán entre ellos; esperen un poco más y derramarán la sangre entre ellos para su completa satisfacción. El Señor lo ha hablado y no tenemos nada que ver con esto. Si pudiésemos, podríamos escondernos lejos del escenario donde se llevará a cabo, pero no lo podemos hacer. Pero esperen un poco más y la gente de estas naciones como también de otras tendrá sangre hasta que ellos se satisfagan con el derramamiento de sangre entre ellos. Esta es la profecía de los antiguos Profetas y ha sido confirmada a nosotros mediante su siervo José Smith. La gente está en las manos de Dios. Él gobernará todas las cosas y tratará justamente a toda la humanidad, pero Él no permitirá que exista tanta iniquidad sobre la tierra y esta debe ser limpiada. Por lo que necesitamos preocuparnos es por servir al Señor, confiar en Él para que podamos estar listos para recibir sus juicios sobre los justos e injustos en todas sus amonestaciones. Que podamos vivir elevadamente los principios del justo y que Dios continúe bendiciéndonos y librándonos con los justos.
Si tuviese el poder, bendeciría a la gente con todas las cosas que desea su corazón con tal que no pecasen. Yo lo haría. Escuché las voces de las madres de algunos de mis niños cuando ellas iban conmigo a St. George durante este invierno diciendo que he consentido demasiado a mis hijos. ¿Por qué lo he hecho? Porqué ellos nunca han manifestado ningún deseo de hacer lo malo. Y si estuviese en mi poder, bendeciría a todos los habitantes de la tierra con todo lo cual ellos necesitasen para glorificar a Dios y para purificar sus propios corazones.