Primera Presidencia (de izquierda a derecha: George Q. Cannon, John Taylor y Joseph F. Smith) en la ciudad del Lago Salado, Utah, ca. 1880, foto por C. R. Savage, Archivos de la Iglesia.
Fecha: 10 de octubre de 1880
Lugar: Lago Salado, Utah, Estados Unidos
Fuente: Journal of Discourses, 22:38–41
Yo haré unos comentarios mientras se reparte la santa cena. Me agrada poder decir que ahora todas las varias organizaciones de la Iglesia se han organizado. Hace mucho tiempo que los Doce están funcionando en la capacidad de Primera Presidencia y es muy cierto que ellos han actuado en esa capacidad. Como ustedes han escuchado durante los comentarios del hermano Pratt sobre este tema, esta fue la trayectoria adoptada durante todo este tiempo que el profeta José Smith nos dejó. Los Doce entonces se adelantaron en la posición de Primera Presidencia y así operaron por aproximadamente tres años en aquella capacidad. Y cuando el presidente Young murió, se consideraba correcto que se siguiera el mismo curso. Creo que los Doce en este respecto han magnificado su llamamiento tomando un curso aprobado por el Señor y también los hermanos que han sostenido el voto efectuado aquí hoy en día.
Si no fuera por nuestro deber de tener la Iglesia más completa y plenamente organizada en todos sus departamentos, yo habría preferido seguir con los hermanos de los Doce, estoy hablando de esto como un asunto de sentimiento personal. Pero hay preguntas que emergen en cuanto a estos asuntos que no nos corresponde a nosotros decir cómo serán ni qué curso deben de tomar. Cuando Dios nos ha dado una orden y ha nombrado una organización en su Iglesia, con los varios Quórum del Sacerdocio tal como se nos ha presentado por revelación mediante el profeta José Smith, pienso que ni la Primera Presidencia, ni los Doce, ni los Sumos Sacerdotes, ni los Setenta, ni los Obispos, ni ninguna persona tiene el derecho de cambiar o alterar ese plan que el Señor ha introducido y establecido. Como ustedes han escuchado durante el discurso del hermano Pratt durante esta mañana, uno de los deberes que les corresponde a los Doce es mirar que las iglesias se organicen correctamente. Además pienso que ellas ahora están organizadas de esta manera por toda la tierra de Sión. Las Iglesias generalmente están organizadas con los Presidentes de Estacas y sus Consejeros, con Sumos Consejos, con Obispos y sus Consejeros y con el Sacerdocio Menor según la orden que se nos ha dado.
Entonces tenemos los Sumos Sacerdotes, los Setentas y los Élderes que ocupan sus puestos según su Sacerdocio, posición y rango en la Iglesia. Y la Primera Presidencia parece ser el único quórum deficiente. Y es imposible que los hombres enterados del orden del Santo Sacerdocio ignoren este quórum puesto que es uno de los concilios principales de la Iglesia. Mientras los Doce sean un baluarte para proteger, defender y mantener, para presentarse y llevar a cabo el orden del Reino de Dios en tiempos de necesidad, tal como se refiere arriba, ajustando todo y los asuntos asuman su condición normal, entonces es necesario que el Quórum de la Primera Presidencia, igual que los otros Quórum, ocupen el lugar asignado a ellos por el Dios Todopoderoso.
Así se me han dado las sugerencias por el Espíritu del Señor. Expresé mis sentimientos a los Doce, que estaban de acuerdo conmigo, y, de hecho varios de ellos habían tendido los mismos sentimientos que habían llegado a mí. No es para nosotros una cuestión de puesto, posición u honor ni debe serlo aunque es un gran honor ser un servidor de Dios; es un gran honor poseer el Sacerdocio de Dios; pero mientras sea un honor estar entre los servidores de Dios, teniendo Su Sacerdocio, no es honorable que un hombre o que un grupo de hombres busquen una posición en el Santo Sacerdocio. Jesús dijo: “Vosotros no me habéis llamado sino que yo os he llamado a vosotros.” Y como he dicho antes, si yo hubiera consultado con mis sentimientos personales, hubiera dicho que las cosas van de una manera placentera, suave y agradable; y tengo una cantidad de buenos socios a quienes respeto y estimo como mis hermanos y me regocijo en sus consejos. Dejen que las cosas permanezcan como están. Pero no es para mí decir, ni para ustedes decir, lo que nosotros individualmente preferimos, pero es para nosotros los que poseemos el Santo Sacerdocio velar que todas las organizaciones de dicho Sacerdocio se mantengan como deben ser y que todo en la Iglesia y en el reino de Dios se organice según el plan que Él ha revelado; por lo tanto hemos tomado el curso por el cual ustedes han sido llamados para recibir sus votos hoy.
Quisiera también comentar que hace mucho tiempo que examino muy cuidadosamente algunos de los principios que ustedes han escuchado, leídos durante la reunión del Sacerdocio sobre los cuales el hermano Pratt hizo referencia esta mañana. Y hay otros principios asociados con el Sacerdocio que queremos y esperamos tener plenamente definidos; para que cada hombre sepa su verdadera posición y la naturaleza de su llamamiento y responsabilidad en el Sacerdocio con que él ha sido envestido. Es muy correcto e importante que debamos comprender estas cosas; cada hombre en su sitio y cada mujer en su puesto; pero yo me refiero en particular al Santo Sacerdocio para que cada hombre pueda sentir y darse cuenta de los deberes y las responsabilidades que le tocan.
Me agrada, y sin duda que les satisface, ver la unanimidad y la unidad de emoción y sentimiento que se han manifestado en nuestros votos. Estos votos siendo tomados primero en su capacidad de Quórum, cada Quórum habiendo votado afirmativamente, entonces por el voto de los Presidentes de los varios Quórum unidos y luego el voto del Quórum y del pueblo combinados, hombres y mujeres, entre los muchos miles reunidos que han participado en este voto, teniendo una oportunidad plena y libre, sin el control de ninguna influencia sino la del Espíritu de Dios para expresar sus añoranzas y deseos. No ha habido, de lo que hemos podido descubrir, ni un voto de disensión.
No se puede encontrar semejante unanimidad en ningún lugar sobre la tierra. La unidad es un principio que existe en los cielos. Cuando nosotros manifestamos este sentimiento con toda sinceridad, mostramos nuestra fe en Dios, en Su Sacerdocio y en Su ley tal como se nos ha revelado. Pues nuestra religión, nuestro Sacerdocio y todas las bendiciones y ordenanzas que nosotros poseemos no se nos han dado por ningún hombre ni combinación de hombres; ha sido el Señor quien ha revelado todas estas cosas, de otra manera no podríamos tener posesión de ellas. Nosotros hemos tenido un ejemplo aquí hoy de la unanimidad que caracteriza a los poseídos por el Espíritu del Evangelio y debe ser un patrón para nosotros en todos nuestros asuntos.
Y ahora permítanme hacer referencia con orgullo a mis hermanos los Doce, lo cual lo hago afirmando que mientras ellos como un Quórum sostenido por medio del voto del pueblo, ellos tienen el derecho de actuar en la capacidad de la Primera Presidencia. No obstante cuando se dieron cuenta de que habían terminado con su trabajo, estuvieron dispuestos a separarse de la Presidencia y a regresar a la posición que Dios les había mandado y a ocuparse de nuevo del puesto que siempre habían mantenido como los Doce Apóstoles de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Digo que es con orgullo que me refiero a esta acción y al sentimiento que la inspiró. Yo realmente dudo que se pueda encontrar la misma exhibición de motivos desinteresados y de auto-abnegación con respecto a la disposición para renunciar al puesto y posición en referencia entre la misma cantidad de hombres en cualquier lugar. Ellos vieron la necesidad de esta acción, una moción se hizo en ese Concilio y se adoptó el voto unánime. Se adoptó que la Primera Presidencia se re-organizara y después los hermanos que componían este Quórum fueran seleccionados. El próximo paso fue el de presentar el asunto a la Iglesia. Entonces se presentó ante el Sacerdocio en una reunión cuando estaban presentes todas las importantes autoridades de la Iglesia de las diferentes Estacas de Sión. Después de haber hecho eso, para evitar la existencia de alguna dificultad, se decidió que esta manera sería la más apropiada—que cada organización del Sacerdocio, incluyendo todos los Quórum, deberían estar sentados individualmente en una capacidad de Quórum para que individualmente tengan la oportunidad de votar libremente y plenamente sin ninguna clase de control y de expresar sus sentimientos y finalmente para que toda la congregación deba tener la misma oportunidad. Esta es enfáticamente la voz de Dios y la voz del pueblo; y es la manera que el Señor ha establecido en Sión tal como ha sido en los tiempos anteriores entre Israel. Dios dio sus mandamientos; fueron entregados por Su Profeta al pueblo que se sometió a ellos así que todo Israel dijo, Amén. Ustedes han hecho todo esto por medio de sus votos, los cuales, según lo que hemos podido notar, ha sido sin ninguna voz de disensión ni entre los Quórum separados ni el voto de los distintos Quórum y personas. Ahora, sigan siendo unidos en todo lo que habéis hecho en este asunto para que Dios esté a su lado desde este tiempo en adelante y para siempre. Pues cualquier hombre que se opone a esta clase de principios es un enemigo de Dios, un enemigo de la Iglesia y del Reino de Dios sobre la tierra, un enemigo para el pueblo de Dios y un enemigo a la libertad y los derechos del hombre. El Señor ha seleccionado un Sacerdocio para que Él pueda hacer saber entre todo Israel Su mente y voluntad por medio de ellos y para que ellos sean Sus representantes sobre la tierra. Y mientras Él hace esto Él no desea que los hombres sean obligados ni forzados para hacer cosas contrarias a su voluntad. Pero donde se encuentra el Espíritu de Dios, hay unión, armonía y libertad y donde no existe el Espíritu hay conflicto, confusión y servidumbre. Entonces tratemos de ser uno, de honrar a nuestro Dios, de honrar nuestra religión y de guardar los mandamientos de Dios para buscar un conocimiento de su voluntad y luego para cumplir con ella.
Yo no sé si he hablado más de lo que debo. Que Dios los bendiga; que Dios bendiga a los Doce; que Dios bendiga a los Presidentes de Estaca y a sus asociados y a los Setentas y a los Sumos Sacerdotes, y a los Élderes y a los Obispos y al Sacerdocio Menor. Que Dios bendiga a las Sociedades de Socorro y a las Asociaciones para el Mejoramiento Mutual de los Jóvenes y a todas las personas que aman y temen a Dios y guardan sus mandamientos. Y que Dios bendiga las Escuelas Dominicales y las Asociaciones de la Primaria y los intereses educacionales y a todos los que se preocupan por el bienestar de Sión además a los buenos, a los virtuosos, a los honorables y a los de mente sana dondequiera, los que buscan promover la pureza, la santidad y la virtud en la tierra. Y que Dios bendiga a nuestros cantantes y a todos los que hacen música para nosotros y que la paz y la bendición de Dios descanse sobre todo Israel. Y cuando viajen a sus casas, lleven a cabo los principios sobre los cuales han votado hoy para que Dios los bendiga y a sus generaciones posteriores para que sean bendecidos en el tiempo y por toda la eternidad. Y yo les bendigo por virtud del santo Sacerdocio en el nombre de Jesucristo. Amen.